ÁNGEL LUIS LÓPEZ BARRIOS


Nacido en Tomelloso (Ciudad Real) el 1 de Diciembre de 1957.

El abuelo había venido en el coche de Madrid desde Quintanar. El médico Don Raúl miró detenidamente el papel con la dirección anotada calle Habana nº 24. Pilar esperaba en su cama de matrimonio enfrentarse al primer parto. La cosa iría despacio, comunicó el doctor a los familiares.

El padre con algunos nervios dentro del cuerpo condujo a todos a la plaza e invitó a las primeras rondas. Era una casa demasiado grande, por eso el alquiler lo compartían dos matrimonios. Los dos hermanos mayores de la familia López Rodrigo, Julián y Consuelo, con sus respectivos cónyuges, la sufrida madre Pilar y Víctor que por llevar más tiempo casado envidiaba un poco la buena nueva de sus cuñados. El futuro padre derramaba a voz en grito sus proyectos sobre la barra que no dejaba de limpiar una y otra vez el camarero más joven, tal vez oteando en el horizonte una buena propina. El abuelo forastero no estaba tranquilo y miraba la puerta esperando un mensajero que trajera la feliz noticia para todos. Sería el primogénito en las dos familias, algo que sin duda desataría una celebración especial.

Un corro de vecinas comentaba en las cuatro esquinas donde los muchachos solían jugar la evolución del parto. A poca distancia se encontraba el moderno y enorme colegio “José María del Moral” inaugurado recientemente donde seguramente recibiría educación el esperado hijo y nieto con desmesurada ansiedad.

El doctor, como era costumbre, se lavaba las manos después de haber realizado un buen trabajo. El abuelo de Quintanar había regresado preguntando a través de la calle Socuéllamos y Santa Amalia, para ver la enorme sonrisa de su hija Pilar levantando en señal de victoria su primer vástago, Ángel Luis. Al padre tuvieron que traerlo entre sus familiares con una cogorza de campeonato. Lo sujetaron firme de pies para que pudiera oír la sentencia de su mujer.

– ¡Al final te has salido con la tuya, como siempre! ¡Un chico, no querías un chico, ahí lo tienes!

El padre pudo esbozar una sonrisa burlona antes de derrumbarse en la alfombra a los pies de la cama de matrimonio